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DESDE MI VENTANA

La historia olvidada

 

Por Denis García Salinas

Desde Mi Ventana

 

¿Es posible olvidar la historia contemporánea? A decir verdad, sí. Los personajes de la historia reciente de nuestro país han sido olvidado por las nuevas generaciones. Parece increíble, pero es la cruda realidad. Amigo lector, recientemente una reportera de televisión cometió algo imperdonable al afirmar que la efeméride de la Batalla de San Jacinto se celebra el l4 de febrero. Y, lo peor de todo, fue que  repitió el entuerto varias veces. La periodista de marras quiso decir que esa batalla se conmemora cada l4 de septiembre. En efecto, en ese día del año de l856 en la citada hacienda se escenificó un enfrentamiento entre l60 efectivos de las fuerzas del Ejército del Septentrión contra 300 filibusteros del intervencionista William Walker. Esas tropas aventureras eran comandadas por Byron Cole, quien murió, posteriormente, tras recibir un machetazo en la cabeza en la hacienda San Idelfonso.

 

Tampoco, saben que Walker se proclamó presidente de Nicaragua.  Un interventor americano. Por lo visto la periodista de televisión confundió el l4 de febrero con el l4 de septiembre, en la primera fecha se celebra el día de San Valentín,  día del amor y la amistad, y en la segunda la Batalla de San Jacinto. En la fecha del l4 de febrero, las parejas se obsequian chocolates, flores o van a los restaurantes para disfrutar de una cena romántica. En la del l4 de septiembre, los estudiantes viajan en buses a la hacienda, ubicada a pocos kilómetros de Managua. Dos fechas, diametralmente opuestas, pero  la susodicha reportera olvidó las enseñanzas de la historia y prefirió reinventarla. Muchos estudiantes de secundaria ignoran esos  episodios históricas de nuestro país.

Hace poco, le pregunté a unos jóvenes periodistas quién era el general Humberto Ortega y la respuesta me dejó de una sola pieza. Ambos respondieron que el general retirado Ortega era hermano del presidente Daniel Ortega. Hasta allí todo bien. Les volví a preguntar sobre el cargo del citado ex jefe militar y no pudieron responder. No sabían que Humberto Ortega había sido jefe del ejército ni mucho menos ex miembro de la Dirección Nacional del FSLN. El otro periodista, mayor que los otros dos, tampoco sabía un ápice de la historia reciente de nuestro país. Todos desconocían los nombres de los ex integrantes de ese directorio. Ninguno de los nombres les sonaba: Jaime Whellock, Henry Ruiz, Carlos Núñez (q.e.p.d), Luis Carrión, Humberto Ortega, Tomás Borge (q.e.p. d), Víctor Tirado López, y Bayardo Arce. Este último es solo conocido como asesor presidencial en temas económicos. O cuando responde a los periodistas con respuestas polémicas. La juventud actual ignora la vida de estos personajes que jugaron un papel decisivo en la revolución sandinista que sufrió un tropezón en las elecciones de l990 cuando doña Violeta viuda de Chamorro, una ama de casa, se alzó con el triunfo en esos comicios. Ese hecho deshizo aquella historia escrita con sangre. De los nueve comandantes, uno de los periodistas me dijo que tenía cierto conocimiento sobre Whellock, quien es escritor, pero que no había leído ninguno de sus libros. Tampoco sabía que era historiador. Su conocimiento estaba nublado sobre Wheelock, quien mantiene un bajo perfil y distante de la lucha política. De Luis Carrión, otro ex comandante de la Revolución, tampoco saben nada.

 

Igualmente, sucede con Rosario Murillo, a quien la identifican como la esposa del presidente Daniel Ortega y ahora con ese alto cargo de vicepresidenta de la República. De su faceta de poeta, las nuevas generaciones, incluido los periodistas, no saben nada. El pasado reciente está cubierto por una telaraña. Tampoco saben que ella empezó a trabajar desde muy joven en el diario La Prensa. Ignoran que viajó a Europa a estudiar. Murillo fue cofundadora, en los años de l970, del grupo cultural Gradas. Ella conoció a Daniel Ortega en Costa Rica durante su exilio. Fue diputada de la Asamblea Nacional de 1984 a 1990.  Ahora, también es coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía. Antes de la Revolución, ella fue arrestada en Estelí, pero estuvo encerrada poco tiempo. Después se trasladó a Panamá y luego Venezuela, donde trabajó con organizaciones de solidaridad con la Revolución sandinista. Finalmente, se estableció en Costa Rica. Muchos ignoran que ella es poeta y en l980 ganó el Premio de Poesía Joven Leonel Rugama del Ministerio de Cultura, dirigido a la sazón por Ernesto Cardenal, actualmente un disidente y fuerte crítico del Gobierno de Ortega. Dicen que ella tenía futuro como intelectual, pero sus ocupaciones gubernamentales truncaron su porvenir literario. Uno de esos periodistas argüía que desconocía la historia contemporánea reciente porque él aún no había nacido o porque él apenas era un recién nacido. Una respuesta tonta y sin fundamento alguno. Si  cómo me preguntaran quien fue Hitler y yo respondiera que  no había nacido en esa trágica época, que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Solo basta leer libros históricos o alguna publicación especializada para conocer esos turbulentos acontecimientos.

 

Quizá la raíz de este problema está en la actual educación que reciben en primaria y secundaria. Hace muchos años un joven estudiaba historia universal y me atrevería afirmar que en aquella época un estudiante nicaragüense tenía mayor conocimiento del pasado que otros muchachos de países extranjeros. Actualmente, un chico no visita una biblioteca, ni mucho menos se preocupa por dominar o, al menos, tener ciertos conocimientos de lo que ocurre no solo en el extranjero, sino en nuestro propio territorio. Eso se perdió en las nieblas del pasado. Otros estudiantes desconocen quien fue Rigoberto López Pérez y solo han oído el nombre de nuestro principal poeta Rubén Darío.

 

El resto de poetas nicaragüenses no existen para ellos. En los hogares ya no leen ni siquiera los periódicos por estar tuiteando o feibukeando tonterías o colgando fotos para esperar que le den like o un comentario elogioso. Así estamos en nuestra contemporánea Nicaragua. Muchos jóvenes ignoran el pasado o son alérgicos a estudiar la historia. Incluso esa disciplina no está desarrollada y son pocos los muchachos que muestran interés por estudiar la Historia como carrera. No la ven rentable. Si bien es cierto, los gobiernos deberían transformar nuestra educación para enfocarla a las ciencias, las matemáticas y las nuevas tecnologías, no deberían de descuidar el estudio de la historia. Jorge Santallana aseguró: “Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores” 

 

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